Archivos mensuales: octubre 2008

objetos inanimados: ladrón de bicicletas

Objetos inanimados, enunció.
¿Qué pasa con ellos?, pregunté yo.
Objetos inanimados como medio de expresar emociones humanas. En eso consiste el lenguaje cinematográfico. Sólo los buenos directores saben cómo hacerlo, pero Renoir, De Sica, y Ray son tres de los mejores, ¿verdad?
Sin duda.
Piensa en las primeras escenas de Ladrón de bicicletas. El protagonista encuentra trabajo, pero para llevarlo a cabo necesita desempeñar la bicicleta. Se va a casa sintiendo lástima de sí mismo. Y allí está su mujer, en la calle, cargando con dos pesados cubos de agua. Toda su pobreza, todos los esfuerzos de esa mujer y su familia están contenidos en esos cubos. El marido está tan enfrascado en sus propios problemas que ni se molesta en ayudarla hasta que casi están dentro de la casa. E incluso entonces, sólo le coge un cubo dejando que ella cargue con el otro. Todo lo que nos hace falta saber sobre su matrimonio se nos muestra en esos pocos segundos. Luego suben las escaleras hasta su piso, y a la mujer se le ocurre la idea de empeñar la ropa de cama para recuperar la bicicleta. Recuerda la violencia con que da una patada al cubo en la cocina, la agresividad con que abre el cajón de la mesa. Objetos inanimados, emociones humanas. Luego pasamos a la casa de empeños, que no es una casa realmente, sino un sitio enorme, una especie de almacén de objetos superfluos. La mujer vende las sábanas, y seguidamente vemos a uno de los empleados que lleva el pequeño paquete a los estantes donde se depositan los artículos empeñados. Al principio, las estanterías no parecen muy altas, pero entonces la cámara retrocede, y mientras el empleado empieza a subir, vemos que se alargan hacia arriba cada vez más, hasta llegar al techo, y cada estante y casillero rebosa de paquetes idénticos al que ahora está guardando, y de pronto parece que todas las familias de Roma han vendido ropa de cama, que toda la ciudad se encuentra en la misma situación de miseria que el protagonista y su mujer. En una sola toma, abuelo. En una sola toma se nos ofrece el retrato de toda una sociedad que vive al borde del desastre.

Un hombre en la oscuridad – Paul Auster

objetos inanimados: el mundo de Apu


Pero ¿dónde está el objeto inanimado en Apu?
Piensa.
No quiero pensar. Esa teoría es tuya, así que explícamelo tú.
Las cortinas y la horquilla del pelo. La transición de una vida a otra., el momento crucial de la historia. Apu se ha ido al campo a asistir a la boda de la prima de un amigo suyo. Un matrimonio convenido según la tradición, y cuando aparece el novio, resulta que es tonto, un profundo idiota. Se suspende la boda, y a los padres de la prima del amigo empieza a entrarles el pánico, temerosos de que a su hija le caiga una maldición de por vida si no se casa esa misma tarde. Libre de preocupaciones, Apu se ha dormido entre los árboles, contento de pasar unos días fuera de la ciudad. Se le acerca la familia de la chica. Le explican que es el único soltero disponible, que sólo él puede resolverles el problema. Apu se queda horrorizado. Piensa que están locos, que son un hatajo de palurdos supersticiosos, y se niega a hacerlo. Pero luego lo piensa mejor y decide aceptar. Lo considera como una buena acción, como un gesto altruista, pero no tiene intención alguna de volver a Calcuta con la chica. Después de la ceremonia nupcial, cuando se encuentran finalmente solos por primera vez, Apu descubre que la sumisa muchacha es mucho más fuerte de lo que él creía. Soy pobre, le explica él, quiero ser escritor, no tengo nada que ofrecerte. Lo sé, contesta ella, pero le da lo mismo, porque está resuelta a ir con él. Molesto, desconcertado, pero conmovido a la vez por su determinación, Apu cede de mala gana. La escena cambia a la ciudad. Un carruaje se detiene frente al destartalado edificio donde vive Apu, y se bajan su mujer y él. Todos los vecinos se acercan y miran boquiabiertos a la guapa muchacha mientras Apu la conduce escaleras arriba hacia su pequeña y sórdida buhardilla. Un momento después, lo llaman y se va. La cámara enfoca a la chica, sola en esa habitación extraña, en una ciudad desconocida, casada con un hombre al que apenas ha visto. Finalmente, se acerca a la ventana, sobre la que en vez de cortina cuelga un asquerosos trozo de arpillera. Hay un agujero en el tejido, y por ahí mira hacia el patio, donde un niño en pañales avanza con pasos inseguros entre el polvo y la basura. La cámara invierte el ángulo, y vemos su ojo a través del agujero. Fluyen lágrimas de ese ojo, y es normal que esté nerviosa y asustada, que se sienta perdida. Apu vuelve a entrar en la habitación y le pregunta qué le pasa. Nada, contesta ella, sacudiendo la cabeza, nada en absoluto. Entonces la escena termina con un fundido en negro, y el gran interrogante es: ¿qué ocurre a continuación? ¿Qué espera a esa inverosímil pareja que ha acabado casándose por pura casualidad? Con unas cuantas pinceladas hábiles y decisivas, todo se nos revela en menos de un minuto. Objeto número uno: la ventana. Fundido de apertura, es por la mañana temprano, y lo primero que vemos es la ventana por la que miraba la muchacha en la escena anterior. Pero la desastrada tela de saco ha desaparecido, y en su lugar hay unas limpias cortinas a cuadros. La cámara retrocede un poco, y ahí tenemos el objeto número dos: un tiesto con flores en el alféizar de la ventana. Son señales alentadoras, pero aún no podemos estar seguros de lo que significan. Vida hogareña, ambiente acogedor, un toque femenino, pero eso es lo que debe hacer una esposa, y el hecho de que la mujer de Apu haya cumplido sus tareas no demuestra por sí solo que tenga cariño a su marido. La cámara continúa retrocediendo, y los vemos durmiendo a los dos en la cama. Suena el despertador, y la mujer se levanta enseguida mientras Apu emite un gruñido y se tapa la cabeza con la almohada. Objeto número tres: el sari. Ella echa a andar nada más levantarse, pero de pronto no puede moverse: su ropa está atada con la de Apu. Qué raro. ¿Quién podría haber hecho eso, y por qué? En su rostro hay una expresión contrariada y divertida a la vez, y al instante sabemos que ha sido Apu. Vuelve a la cama, le da un suave golpecito en el trasero, y luego desata el nudo. ¿Qué me dice a mí ese momento? Que mantienen relaciones sexuales satisfactorias, que entre ellos se ha establecido un espíritu juguetón, que están realmente casados. Pero ¿y el amor? Parecen contentos, pero ¿qué solidez tienen sus recíprocos sentimientos? Entonces es cuando aparece el objeto número cuatro: la horquilla del pelo. La mujer sale del cuadro para preparar el desayuno, y la cámara hace un primer plano de Apu. Por fin logra abrir los ojos, y mientras bosteza, se estira y da vueltas en la cama, se fija en algo caído en el hueco de entre las dos almohadas. Introduce la mano y saca una horquilla de su mujer. Es el momento álgido. Alza la horquilla y la examina, y cuando vemos los ojos de Apu, la ternura y adoración que irradian, sabemos más allá de toda duda que está locamente enamorado de ella, que es la mujer de su vida. Y Ray lo consigue sin utilizar una sola palabra de diálogo.

Un hombre en la oscuridad – Paul Auster

objetos inanimados: conclusión


Hay otra cosa en esas tres escenas. No me he fijado cuando veíamos las películas, pero al oír cómo las describes ahora, he caído de pronto en la cuenta.
¿El qué?
Las tres tratan de mujeres. De que son las mujeres quienes llevan el mundo. Se ocupan de lo que verdaderamente importa mientras que los desventurados hombres van dando tumbos por ahí haciendo chapuzas. O si no, se quedan en la cama sin hacer nada. Eso es lo que pasa después de lo de la horquilla. Apu mira al otro extremo de la habitación, a su esposa, agachada sobre una tetera, preparando el desayuno, y no hace movimiento alguno para ayudarla. Igual que el italiano, que no repara en lo que le cuesta a su mujer cargar con esos cubos de agua.
Por fin, dijo Katya, dándome un leve codazo en las costillas. Un hombre que lo entiende.
No exageremos. Sólo incorporo a tu teoría una anotación al margen. A tu muy perspicaz teoría, debo añadir.
¿Y qué clase de marido eras tú, abuelo?
Igual de distraído y perezoso que los payasos de esas películas. Tu abuela se encargaba de todo.
Eso no es cierto.
Sí lo es. Cuando venías a casa con nosotros yo siempre hacía gala de mi mejor manera de ser. Tendrías que habernos visto cuando estábamos solos.

Un hombre en la oscuridad – Paul Auster

bloom

Esta aplicación para el iphone/ipod touch me encanta. Y eso que yo no tengo un aparatejo de esos, pero me imagino la cantidad de sonidos que podría sacar de Bloom. Los autores: Brian Eno (el que hizo posible The Unforgettable Fire) y Peter Chilvers.

Lo mejor es verlo en funcionamiento…

Y aquí un bebé flipando con los sonidos…

sol otoñal

…sentado en la toalla, en un día de sol y viento fresco, cuando ya no es tiempo de estar así, pero hay una afortunada prórroga… y entonces uno está más ancho que largo en su excepción estacional, y más feliz de lo normal…

Y de esos días nacen estas canciones: sencillas y sin demasiadas complicaciones. Pero como decimos por Galicia, bastante “riquiñas”…

Y pulsa aquí para descargarla

tiger mountain peasant song

Ayer escuché una canción en la radio que me sorprendió. Cuando el locutor dijo el nombre del grupo no logré entenderlo bien. Hoy Manu me pasó un artículo de El país en el cual repasan una lista de grupos que no dejan a nadie indiferente (Entre el éxtasis y el coñazo). Ahí mencionan a los Fleet Foxes y aquí os dejo la melodía que tanto me cautivó y que se llama tiger mountain peasant song

Fleet Foxes – Tiger Mountain Peasant Song
Found at skreemr.com

la música del movierecord…

Hace unos años nos fuimos un grupo de amigos a NY aprovechando una oferta increíble con Continental (sobre 300 euros) y ya allí decidimos pasarnos un día por el Metropolitan. Cuando estábamos llegando al museo nos pareció muy extraño que lo tuvieran todo tan abandonado y sucio. Era tal nuestro atontamiento que si no nos para un guarda nos metemos dentro en plan Paco Martínez Soria.

Estaban rodando una película y nos quedamos un rato para ver quién era el actor. Y casi al instante apareció el señor Will Smith. Fin de esta historia en NY.

Para cerrar el círculo, este fin de semana decidí ver la película Soy Leyenda y me sorprendió comprobar que aquel despliegue de medios, de decorados no duran ni diez segundos en el montaje final. Eso sí: la ciudad sale muy hermosa, como siempre…

Y para los que no sepan qué es la música del movierecord… aquí la tienen

la guerra del volumen

Vía el50 me encuentro con este interesante artículo llamado ¿Los díscos se escuchan mejor actualmente? NO. En él se habla de la guerra del volumen. No os perdáis el vídeo porque es perfecto para entender los conceptos. Es el problema de nuestro tiempo: más volumen y más discos que nunca llegamos a escuchar enlatados en ipods que cada año que pasa se quedan obsoletos.

Parezco uno de los viejos cascarrabias de los teleñecos…